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Drogas: la prohibición que fracasó – Entrevista a Pablo Ascolani

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En 2011 Pablo Ascolani se licenció en kinesiología y fisiatría, en la Universidad Nacional de San Martín, con una tesis sobre el uso de cannabinoides para tratar síntomas comunes a enfermedades neurológicas. El estudio se vincula con su trabajo como secretario de la Asociación Rosarina de Estudios Culturales (Arec), entidad que “aboga por la militancia y la lucha para la implementación de un nuevo paradigma en políticas de drogas, basado en un discurso científico actualizado y veraz que respete los derechos humanos y las garantías constitucionales de los ciudadanos”.

Arec fue invitada a participar en los debates de la nueva ley de drogas que se dieron en el Congreso nacional. Además asesora a la Junta Nacional de Drogas, en Uruguay, donde se proyecta la legalización de la marihuana. Como extensión a la comunidad, recibe consultas sobre el uso terapéutico y el cultivo de cannabis.

La desinformación, los mitos y los prejuicios rodean a las drogas ilegales. Por eso, Arec realiza actividades de divulgación científica, para “devolver proporcionalidad a la visión del uso de sustancias psicoactivas en nuestra sociedad, algo que está largamente confundido”, dice Ascolani. Así, “tenemos una droga como el alcohol que es extremadamente tóxica y genera mucho daño social. La marihuana no tiene nada de eso y sin embargo se ve como algo más perjudicial. Un tratamiento o una ley de drogas proporcional tendría que impedir la publicidad de alcohol y de psicofármacos. Como en Australia, no tendría que haber marcas de cigarrillos sino venderse el tabaco en paquetes con información sobre los riesgos, y todas las otras sustancias ilegales deberían estar reguladas. Desde Arec afirmamos que la prohibición de las drogas fracasó. Con esto no decimos que las drogas ilegales sean buenas o de consumir; no, son tóxicas, pero la toxicidad genera muchos más problemas sociales que si estuvieran reguladas y esto es lo que proponemos como solución al conflicto de las drogas”.

—¿Cómo ven la distinción que se hace entre las drogas legales como el tabaco y el alcohol y las ilegales como la marihuana?

—No hay diferencia farmacológica entre drogas legales e ilegales. La diferencia es puramente política, pero se ha generado un imaginario muy arraigado, porque la desinformación se arrastra desde hace muchos años. Está clarísimo que el alcohol genera alteraciones cognitivas, disminución en el coeficiente intelectual, problemas de salud graves, conductas de riesgo. Si bien, como toda sustancia, un pharmakon puede ser una medicina o un veneno de acuerdo a cómo se lo utilice, nos encontramos con una sustancia como el cannabis que es mucho menos tóxica que otras. Por otra parte, no vamos a ayudar a alguien que es adicto al paco, por ejemplo, si lo procesamos y lo metemos preso. No se puede considerar como criminal a alguien que tiene un padecimiento. La actual ley de drogas, entonces, no solo vulnera los derechos humanos de los usuarios de drogas sino que también vulnera el derecho a la salud de las personas que tienen un problema con esas sustancias. El cambio de la ley no tiene tanto que ver con la mucha o poca toxicidad de las drogas sino con la ineficacia en lograr sus objetivos. Las drogas más tóxicas generan más daño cuando están prohibidas. La actual ley de drogas generó además una profunda corrupción en las instituciones. Es tan serio que generó un terrorismo de Estado porque las organizaciones criminales dedicadas al tráfico de estupefacientes se recuestan en estructuras del Estado, tanto en la policía como en el poder judicial. La manera de revertir este problema es que el Estado blanquee esa relación y que todos como ciudadanos podamos beneficiarnos de este mercado, tan boyante por lo ilegal.

—La prohibición del consumo de drogas le conviene, en primer lugar, al narcotráfico.

—Puntualmente. Los que están decididamente en contra de la legalización son por un lado el narcotráfico y por otro lado algunos sectores ultraconservadores, que previamente se han opuesto al voto universal, al voto femenino, al divorcio, al matrimonio igualitario, y que ahora se oponen al aborto y a la despenalización de las drogas, cuando es la única salida racional a este problema.

—¿No hay un cambio social en relación a la marihuana? Ahora hay una cultura cannábica más visible y menos estigmatizada.

—Sí, ha habido un cambio notable en Argentina y también a nivel mundial. El padre del prohibicionismo, EEUU, hoy tiene diecisiete estados donde el cannabis es accesible bajo usos terapéuticos —en realidad, el 80 por ciento de las personas que concurren a los dispensarios no son pacientes— y tiene dos estados donde se ha legalizado el uso recreativo. En America latina hay hasta gobiernos de la derecha, como el de Guatemala, que ven que no hay posibilidad fuera de la legalización para mantener el orden interno.

—¿Qué usos terapéuticos tiene la marihuana?

—Los usos aprobados, de acuerdo a lo que la ciencia considera una comprobación de la eficacia del producto, son sobre el síndrome de pérdida de peso y emaciación muscular que se dan en el VIH y en el cáncer avanzado; la prevención de náuseas y vómitos asociados a quimioterapia por cáncer y síntomas de esclerosis múltiple como dolor neuropático y la espasticidad. Otros países lo hacen extensivo a enfermedad más comunes, como los accidentes cerebrovasculares o los lesionados medulares. Hay muchos estudios —correctamente realizados pero que no reúnen el número suficiente de pacientes para que pase a ser una indicación en el prospecto— que la hacen potencialmente efectiva en otras enfermedades, muchas autoinmunes, muchas neurodegenerativas, porque se ve que principalmente la actividad de los cannabinoides pasa por una actividad antiinflamatoria, inmunomoduladora —no inmunosupresiva—, neuroprotectiva, analgésica. Los usos potencialmente son muchos, pero se está avanzando más que nada en la investigación de cannabinoides sintéticos y no tanto en relación al uso del cannabis en sí o a los cannabinoides botánicos. Si bien hay una formulación que se llama Sativex, que se basa en el cannabis y ha avanzado sobre el dolor por cáncer. En el uso como neuroprotector no tenemos sustancias que sean útiles, y entonces el cannabis podría prevenir el Alzheimer, el Parkinson, mejorar ese tipo de enfermedades que cursan con neurodegeneración u otras enfermedades autoinmunes como artritis reumatoria, esclerosis lateral amiotrófica, asma y enfermedades gastrointestinales autoinmunes.

—¿Qué opinan sobre los proyectos para cambiar la ley de drogas?

—El mejor realizado es el que presentó Aníbal Fernández y que realizó un grupo de expertos. El proyecto deroga y rehace la ley actual de drogas. Hay otro, consensuado entre Victoria Donda, Diana Conti y Ricardo Gil Lavedra, que mejora el de Fernández en el tema del autocultivo y del consumo personal, porque quedaba a criterio del juez si las plantas que tenía una persona eran o no para consumo personal. La mayor parte del arco político acuerda con la despenalización de la tenencia para el consumo.

Los últimos jueves de cada mes Arec asocia a interesados en una asamblea abierta, en El Arca, Brasil y Mendoza. www.arec.com.ar

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