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El papel de los padres consumidores hace sus hijos

El primer aspecto a destacar son los cambios generacionales producidos, que inciden en las prácticas y en las representaciones de los padres consumidores, las cuales comparan con las de sus hijos, pero, muy especialmente, con las de sus padres. Debido a procesos sociales y culturales acaecidos en las últimas décadas, las relaciones entre padres e hijos se han convertido en más próximas y de mayor confianza. En los grupos de discusión todos los participantes ponían énfasis en la autoridad despótica de sus progenitores, situándola preferentemente en la figura del padre.

Constantemente manifiestan la falta de comunicación entre ellos y sus padres, y no sólo en lo referente a las drogas, de las cuales sus padres no tenían ningún conocimiento, sino también respecto a otros aspectos de la vida de un joven (sexo, salir de noche, etc.). Muchos de ellos, y especialmente ellas, tuvieron que abandonar sus familias para desmarcarse del control paterno y poder, así, vivir sus sueños juveniles. En su esquema de comparaciones generacionales, por contra, ellos se consideran padres más democráticos, puesto que intentan ser cercanos a las realidades y a los problemas de sus hijos.

En lo relativo al punto de vista que mantienen los padres consumidores respecto el consumo de drogas y la educación de sus hijos, es más preciso hablar de posiciones que de categorías de padres consumidores. Las categorías poseen una connotación estática, inflexible e impermeable, por el contrario las posiciones son significadas como más dinámicas, flexibles y permeables. En este sentido las posiciones de los padres respecto los consumos de drogas de sus hijos varían en el tiempo en función de factores como: el tipo de droga, la edad, y la responsabilidad adquirida por los hijos.

El tipo de droga es un aspecto determinante en la posición de los padres hacia el consumo de sus hijos, puesto que valoran de manera muy distinta los consumos de cannabis -normalizados y aceptados- que los de cocaína, speed o éxtasis; el alcohol merece una consideración especial.

En lo referente a la edad existe consenso respecto a que el momento más  “preocupante” es la adolescencia, ya que es cuando creen que deben acompañar a sus hijos, puesto que es el momento de acercarse por primera vez a las drogas, de experimentar y de acumular conocimientos que pueden marcarlos en el futuro. Tal como avanzan en edad, entre los 18 y los 20 años, los padres consideran que sus hijos adquieren responsabilidades en muchos aspectos de sus vidas, por lo que las preocupaciones disminuyen si ven que sus hijos consumen ocasionalmente y por diversión, aunque respecto el cannabis, algunos toleran consumos diarios no intensivos.

Algunos padres han consumido siempre cannabis en presencia de sus hijos, otros por el contrario han mantenido durante mucho tiempo sus consumos ocultos. Los motivos para mantenerse en una posición o la otra durante la infancia de sus hijos, viene determinada en gran medida por el contexto social. Consumir cannabis en presencia de los hijos puede acarrear serios problemas de relación (con otros padres, con la escuela o hasta con la justicia), en consecuencia, algunos progenitores prefieren esconder sus consumos a sus hijos.

Los padres consumidores –como todo padre- en algún momento de la infancia o adolescencia de sus hijos deben trasmitir unos valores sobre el consumo de drogas. Los padres, llegada la adolescencia de sus hijos, continúan con el trabajo de potenciar la responsabilidad y el empoderamiento, tanto sobre los consumos de drogas, como sobre otros aspectos a los cuales sus hijos deberán afrontarse durante la adolescencia.

Los consumos de los padres pueden generar confusión en los hijos debido a que los discursos sobre las drogas, recibidos fuera del entorno familiar, principalmente en la escuela, son de tipo negativo y alarmista. Cuando esto sucede, los padres se ven obligados a explicar clara y concisamente el por qué de sus consumos y la razón de los discursos alarmantes, en consecuencia realizan una tarea educativa sobre el consumo de drogas desde la proximidad y el valor de sus experiencias propias.

Los padres consumidores presentan una predisposición más alta que los no consumidores para hablar y afrontar los consumos de sus hijos, tanto cuando estos todavía no se han producido, como cuando ya se han manifestado. Los padres consumidores pretenden que su experiencia con las drogas pueda ser transmitida a sus hijos y por tanto utilizada por estos, como una herramienta para conocer los problemas y los límites de las drogas. Creen que sus consumos les confieren una posición privilegiada para acompañar, en un primer momento, al menos, a sus hijos en el consumo de drogas intentando minimizar los riesgos.

Los consumos de los padres realizados durante su juventud, a diferencia de los padres que nunca han mantenido contacto con las drogas, construyen un baremo sobre los consumos tolerables y los problemáticos, a diferencia de los padres sin experiencia, que acostumbran a vivir los consumos de sus hijos desde una posición alarmista y angustiante. Un aspecto a destacar es que estos padres pueden identificar fácilmente y con certeza, cuando sus hijos están o han estado bajos los efectos de las drogas, situaciones más difíciles de identificar por los padres no consumidores. Este conocimiento de los padres consumidores permite acercarse a los consumos de sus hijos desde una posición tolerante y respetuosa, sin caer en alarmismos, normalmente contraproducentes en la relación entre padres e hijos.

Los padres consumidores intentan tejer puentes de diálogo entre ellos y sus hijos. No obstante, estos puentes sobre los consumos de drogas solo podrán ser estables si durante el proceso de socialización se han tejido también en otros aspectos de la vida de sus hijos. Por tanto, una particularidad de los padres consumidores en relación a la educación sobre drogas, es el hecho que han roto con el tabú de hablar de drogas, y que ellos lo hacen sin rodeos desde la información y la proximidad. En este sentido, los padres consumidores poseen un papel clave y fundamental en la normalización del consumo de drogas, ya que su criterio de valor sitúa los consumos de sus hijos desde un prisma de pragmatismo, alejándose de los discursos alarmistas y poco pedagógicos producidos por el miedo a las drogas.

La actual situación del consumo de drogas a nivel social hace situar alos padres consumidores en una posición de pragmatismo, es decir, saben que sus hijos tarde o temprano se toparán con las drogas ilegales en sus contextos de socialización. Esta asunción de la presencia de las drogas en el entramado social lleva a situarlos en una posición de diálogo con sus hijos, por tanto entienden que su deber es dar una serie de herramientas sociales y emocionales para hacer frente al consumo de drogas sin que estos lleguen a  acarrear problemas. A la mayoría de padres consumidores no les preocupan, los consumos esporádicos ni recreativos de sus hijos, aunque muchos preferirían que no se produjesen, por el miedo a que deriven en consumidores problemáticos. La incertidumbre sobre las consecuencias que pueden derivarse del consumo hace que los padres se intenten acercar a sus hijos para hablar de los riesgos y consecuencias de los consumos de drogas.

Por lo que refiere a la normalización es el cannabis la sustancia más aceptada por los padres consumidores. El alcohol a pesar de su nivel de normalización social es visto negativamente para la mayoría de los padres, sobre todo porque no resiste la comparación con el cánnabis. La comparación y valoración respecto al alcohol y cánnabis tiene que ver con los discursos sociales dominantes y con las experiencias de los padres: no conocen gente con problemas por consumir cánnabis, y sí que todos tienen referentes de problemas por el consumo de alcohol y el de otras drogas ilegales.

Resumen / conclusiones

 

El primer aspecto a destacar son los cambios generacionales producidos, que inciden en las prácticas y en las representaciones de los padres consumidores, las cuales comparan con las de sus hijos, pero, muy especialmente, con las de sus padres. Debido a procesos sociales y culturales acaecidos en las últimas décadas, las relaciones entre padres e hijos se han convertido en más próximas y de mayor confianza. En los grupos de discusión todos los participantes ponían énfasis en la autoridad despótica de sus progenitores, situándola preferentemente en la figura del padre. Constantemente manifiestan la falta de comunicación entre ellos y sus padres, y no sólo en lo referente a las drogas, de las cuales sus padres no tenían ningún conocimiento, sino también respecto a otros aspectos de la vida de un joven (sexo, salir de noche, etc.). Muchos de ellos, y especialmente ellas, tuvieron que abandonar sus familias para desmarcarse del control paterno y poder, así, vivir sus sueños juveniles.

En su esquema de comparaciones generacionales, por contra, ellos se consideran padres más democráticos, puesto que intentan ser cercanos a las realidades y a los problemas de sus hijos. En lo relativo al punto de vista que mantienen los padres consumidores respecto el consumo de drogas y la educación de sus hijos, es más preciso hablar de posiciones que de categorías de padres consumidores. Las categorías poseen una connotación estática, inflexible e impermeable, por el contrario las posiciones son significadas como más dinámicas, flexibles y permeables.

En este sentido las posiciones de los padres respecto los consumos de drogas de sus hijos varían en el tiempo en función de factores como: el tipo de droga, la edad, y la responsabilidad adquirida por los hijos.  El tipo de droga es un aspecto determinante en la posición de los padres hacia el consumo de sus hijos, puesto que valoran de manera muy distinta los consumos de cannabis -normalizados y aceptados- que los de cocaína, speed o éxtasis; el alcohol merece una consideración especial. En lo referente a la edad existe consenso respecto a que el momento más  “preocupante” es la adolescencia, ya que es cuando creen que deben acompañar a sus hijos, puesto que es el momento de acercarse por primera vez a las drogas, de experimentar y de acumular conocimientos que pueden marcarlos en el futuro.

Tal como avanzan en edad, entre los 18 y los 20 años, los padres consideran que sus hijos adquieren responsabilidades en muchos aspectos de sus vidas, por lo que las preocupaciones disminuyen si ven que sus hijos consumen ocasionalmente y por diversión, aunque respecto el cannabis, algunos toleran consumos diarios no intensivos.

Algunos padres han consumido siempre cannabis en presencia de sus hijos, otros por el contrario han mantenido durante mucho tiempo sus consumos ocultos.

Los motivos para mantenerse en una posición o la otra durante la infancia de sus hijos, viene determinada en gran medida por el contexto social. Consumir cannabis en presencia de los hijos puede acarrear serios problemas de relación (con otros padres, con la escuela o hasta con la justicia), en consecuencia, algunos progenitores prefieren esconder sus consumos a sus hijos. Los padres consumidores –como todo padre- en algún momento de la infancia o adolescencia de sus hijos deben trasmitir unos valores sobre el consumo de drogas.

Los padres, llegada la adolescencia de sus hijos, continúan con el trabajo de potenciar la responsabilidad y el empoderamiento, tanto sobre los consumos de drogas, como sobre otros aspectos a los cuales sus hijos deberán afrontarse durante la adolescencia. Los consumos de los padres pueden generar confusión en los hijos debido a que los discursos sobre las drogas, recibidos fuera del entorno familiar, principalmente en la escuela, son de tipo negativo y alarmista. Cuando esto sucede, los padres se ven obligados a explicar clara y concisamente el por qué de sus consumos y la razón de los discursos alarmantes, en consecuencia realizan una tarea educativa sobre el consumo de drogas desde la proximidad y el valor de sus experiencias propias. Los padres consumidores presentan una predisposición más alta que los no consumidores para hablar y afrontar los consumos de sus hijos, tanto cuando estos todavía no se han producido, como cuando ya se han manifestado.

Los padres consumidores pretenden que su experiencia con las drogas pueda ser transmitida a sus hijos y por tanto utilizada por estos, como una herramienta para conocer los problemas y los límites de las drogas.

Creen que sus consumos les confieren una posición privilegiada para acompañar, en un primer momento, al menos, a sus hijos en el consumo de drogas intentando minimizar los riesgos.Los consumos de los padres realizados durante su juventud, a diferencia de los padres que nunca han mantenido contacto con las drogas, construyen un baremo sobre los consumos tolerables y los problemáticos, a diferencia de los padres sin experiencia, que acostumbran a vivir los consumos de sus hijos desde una posición alarmista y angustiante. Un aspecto a destacar es que estos padres pueden identificar fácilmente y con certeza, cuando sus hijos están o han estado bajos los efectos de las drogas, situaciones más difíciles de identificar por los padres no consumidores. Este conocimiento de los padres consumidores permite acercarse a los consumos de sus hijos desde una posición tolerante y respetuosa, sin caer en alarmismos, normalmente contraproducentes en la relación entre padres e hijos.

Los padres consumidores intentan tejer puentes de diálogo entre ellos y sus hijos. No obstante, estos puentes sobre los consumos de drogas solo podrán ser estables si durante el proceso de socialización se han tejido también en otros aspectos de la vida de sus hijos. Por tanto, una particularidad de los padres consumidores en relación a la educación sobre drogas, es el hecho que han roto con el tabú de hablar de drogas, y que ellos lo hacen sin rodeos desde la información y la proximidad. En este sentido, los padres consumidores poseen un papel clave y fundamental en la normalización del consumo de drogas, ya que su criterio de valor sitúa los consumos de sus hijos desde un prisma de pragmatismo, alejándose de los discursos alarmistas y poco pedagógicos producidos por el miedo a las drogas.

La actual situación del consumo de drogas a nivel social hace situar a los padres consumidores en una posición de pragmatismo, es decir, saben que sus hijos tarde o temprano se toparán con las drogas ilegales en sus contextos de socialización. Esta asunción de la presencia de las drogas en el entramado social lleva a situarlos en una posición de diálogo con sus hijos, por tanto entienden que su deber es dar una serie de herramientas sociales y emocionales para hacer frente al consumo de drogas sin que estos lleguen a  acarrear problemas.

A la mayoría de padres consumidores no les preocupan, los consumos esporádicos ni recreativos de sus hijos, aunque muchos preferirían que no se produjesen, por el miedo a que deriven en consumidores problemáticos. La incertidumbre sobre las consecuencias que pueden derivarse del consumo hace que los padres se intenten acercar a sus hijos para hablar de los riesgos y consecuencias de los consumos de drogas.

Por lo que refiere a la normalización es el cannabis la sustancia más aceptada por los padres consumidores. El alcohol a pesar de su nivel de normalización social es visto negativamente para la mayoría de los padres, sobre todo porque no resiste la comparación con el cánnabis. La comparación y valoración respecto al alcohol y cánnabis tiene que ver con los discursos sociales dominantes y con las experiencias de los padres: no conocen gente con problemas por consumir cánnabis, y sí que todos tienen referentes de problemas por el consumo de alcohol y el de otras drogas ilegales.

LA EXPERIENCIA ES UN GRADO. El papel de los padres consumidores en la prevención del consumo de drogas.pdf…

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